
Por: Luís Martín G.
“Esta ciudad es fascinante y demoníaca, onírica y despejada de realidad, pero también consistente y temperamental, bella y maldita, seductora y opresiva, ciudad del amor y del odio”. Así la describía Claudio Magris en sus escritos, y esta frase y esta recomendación nos servirán para hacer un recorrido al pie de la letra por sus barrios históricos, sus siete colinas y sus cien torres mágicas y doradas.
En menos de tres horas partiendo de Madrid en avión nos situamos en el aeropuerto Ruzyné, a 15 kilómetros del centro. El transporte para movernos por la ciudad, metro, tranvía, bus o los taxis recomendados con la marca AAA. Y una vez que hemos cambiado los euros por coronas nos disponemos a descubrir la ciudad a pie.
Salta a la vista, en la plaza de la Republica, el edificio del Ayuntamiento: situado en el lugar de la antigua Corte Real de Praga, sede de los Reyes de Bohemia junto a la torre de la pólvora y enfrente del teatro Hibernya, y a unos metros de la plaza de San Wenceslao. Desde este punto de partida, los miles de visitantes que acuden a la ciudad se sorprenderán con su casco antiguo considerado el más bello y extenso de todo el universo, como lo reconoce la UNESCO.
Callejeando se llega a la Plaza de la ciudad Vieja. En la Edad Media acogía un concurrido mercado donde acudían comerciantes de toda Europa y compradores de la ciudad y los pueblos cercanos, hoy es un escenario animado, con cafeterías, restaurantes, puestos de comidas y tiendas de recuerdos junto a la iglesia de Nuestra Señora de Tyn, el antiguo Ayuntamiento con el carillón, que además de reloj es calendario astronómico y astrológico y la iglesia de San Nicolás.
La torre de este viejo ayuntamiento concentra cada hora a miles de visitantes que observan los movimientos de las cuatro figuras que representan las inquietudes de sus habitantes en el siglo XV: La vanidad (con un espejo); la avaricia (con un saco de dinero); la muerte y la invasión pagana (representadas por un turco). Las figuras inferiores representan al cronista, el Ángel, el Astrónomo y el Filósofo. Cada hora la figura del esqueleto invierte el reloj de arena, y los 12 apóstoles desfilan por las ventanas.
A la mitad de la calle París está el barrio judío con su sinagoga, una de las obras góticas mas antigua de la capital.
Al escritor checo Franz Kafka se le recuerda en los lugares donde vivió y escribió y hasta un café lleva su nombre y una fachada su esfinge.
Las casas antiguas tienen bellos relieves en sus fachadas y muchas están dedicas al arte moderno y al teatro.
Por la torre del puente de la ciudad vieja se entra al puente de Carlos, un legado de la época de mayor esplendor de la ciudad. Ligeramente encorvado cubre al río Moldava en una longitud de 510 metros. Un lugar de paseo obligado donde no faltan vendedores, músicos y cientos de turistas.
Contrasta la torre de la llamada Ciudad Pequeña, con el pasaje o la calle más estrecha de Mala Strana o las esculturas de David Cerny junto al museo dedicado a Kafka.
Sus callejuelas angostas y retorcidas hay que descubrirlas despacio, con calma, para que no se escapen inolvidables rincones que esconden tiempos gloriosos de la arquitectura.
A las 12 de la mañana se produce el cambio de guardia en la entrada principal del castillo y es un referente para traspasar la puerta entre los guardianes y entrar en el castillo gótico más grande del mundo y de disfrutar de sus patios, edificios, monumentos, capillas y de la catedral de San Vito, el templo principal del País y residencia del Arzobispo de la ciudad.
A tan sólo unos metros esta “La Calleja Dorada o Callejón de Oro”, 18 diminutas casitas situadas en la zona norte del castillo, pintadas en diferentes colores y que fue lugar de trabajo de orfebres y una de las viviendas de Kafka. Hoy son tiendecitas para complacer a los turistas que quieren comprar lo más típico y popular del país como sus famosos “huevos pintados” y los libros del autor de la Metamorfosis.
En la ciudad nueva y junto al río suscita polémica La Casa Danzante, un edificio deconstructivista, diseñado por Frank Gehry y Vlado Milunic, construido en 1997, y quiere asemejar una pareja de bailarines, es también conocida como “Ginger and Fred”. Sus defensores manifiestan que “Al tiempo su arte y al arte su libertad”.
La ciudad de las cien torres, es mágica y dorada. Cinco barrios históricos, considerada como una de las más bellas del mundo, asentada sobre siete colinas y situada en los márgenes del río Modalva, fuente de inspiración de poetas, pintores, músicos ,escritores y fotógrafos.
Si tienen la suerte de visitar Praga y quiere vivir el ambiente nocturno tomando unas buenas cervezas, La Taberna U-Flecu, fabrica buenas bebidas que se acompañan con salchichas y codillos. (Calle 11 Kremencova), la madre de las ciudades, se merece un brindis.

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