Viena, es hermosa y elegante por méritos propios, se la reconoce como la ciudad del arte, la cultura, la música, la diversión y el placer, toda una bonita experiencia.
Por: Luis Martín G.
Muchas son las personas que ven a la ciudad de Viena a través de la música y sus compositores. Sus vibraciones siempre han enamorado al mundo y siempre es gratificante visitar una ciudad por donde han pasado y dejado sus huellas los más grandes de la música.
Está situada a orillas del Danubio, en el valle de los bosques de Viena, capital de Austria.
La ciudad tiene una larga historia, es una de las más antiguas capitales europeas, y cuenta con un importante patrimonio artístico. Durante el siglo XIX fue una de las grandes capitales musicales del Mundo y a principios del siglo XX ciudad de la filosofía y el debate.
La ciudad invita a pasear y para comenzar el recorrido habrá que situarse en la parada del metro Stephansplat, en pleno centro para visitar la Catedral de San Esteban, uno de los símbolos más representativos de Viena. Calles ambientadas y con buenos establecimientos franquiciados, coches de caballos y su impresionante catedral, con su tejado inclinado cubierto con tejas de colores y una sorprendente aguja. Justo enfrente, se encuentra el edificio Haas House en Innere Stadt, realizado por el arquitecto modernista Hans Hollein, con formas geométricas y curvas que representan la evolución en la arquitectura Austriaca. Parte de este edificio lo ocupa la empresa Zara.
Viena esta situada en el primer lugar de las ciudades con calidad de vida en el mundo, por su orden, limpieza, seguridad y por sus opciones en educación, cultura y entretenimiento.
Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento del pintor Gustav Klimt, hasta ocho museos ofrecen exposiciones de sus pinturas, dibujos y diseños. Destaca especialmente la del Palacio de Belvedere, que fue residencia de verano del príncipe Eugenio de Saboya y que alberga una valiosa colección de arte .Siguiendo la ruta, destaca la fachada del museo de bellas artes Kunsthistoriches, uno de los mejores de Europa, y la espectacular plaza de la emperatriz María Teresa y el Palacio Imperial, conocido como Holfurg, que fue residencia de los Habsburgo. Compuesto por varios edificios con los tesoros imperiales, seis museos, la biblioteca Nacional, y la Escuela de equitación.
La ciudad muestra todo el esplendor de su pasado en sus grandiosos monumentos. Buen ejemplo lo encontramos en su viejo Ayuntamiento de estilo Gótico y en lo alto de su torre donde se encuentra el Rathausmann, una escultura que representa la figura del portaestandarte símbolo de la ciudad.
El Danubio a su paso por Viena es un buen atractivo para realizar un crucero y conocer la ciudad desde el interior. Y para moverse con soltura por la ciudad existe una extensa red de carreteras y autopistas, un eficiente transporte público que incluye tranvías, autobuses y 5 líneas de metro.
El palacio y los jardines de Schonbrunn, asombra por su elegancia y encanto. Está inspirado en el modelo de Versalles y una buena sensación es disfrutar paseando por ellos.
Al visitar los bosques vieneses y caminando entre frondosa vegetación salta a la vista el Castillo de Liechtenstein y el molino de Hol, y a poca distancia el monasterio Cisterciense de Heiligenkreuz. A 16 kilómetros se encuentra Baden, un paraíso termal para disfrutar de unas vacaciones tranquilas, sanas y placenteras, en plena naturaleza en una ciudad serena, limpia y cuidada con bellos jardines y pequeñas edificaciones.
Como a nadie le amarga un dulce, al retornar a la capital Vienesa ponemos en nuestra vida un pastel y unos bombones exquisitos de la mítica pastelería Demel, auténtico sabor del café vienes con el arte de los antiguos pasteleros de la Casa Real, muy cerca de la Michael Platz y la iglesia de San Miguel. En Viena hay 400 cafés, que son lugares de reposo, oficina, y como decía el poeta Peter Altenberg, “estar en el café, es encontrarse en casa, sin estar en ella”.
Una buena velada debe de acabar con una buena cerveza y las típicas viandas Vienesas, como los codillos, salchichas, carnes cocidas y excelentes dulces que sirven en Grimzing o los famosos filetes empanados que se salen del plato en Figlmüller.
Y como queda mucho por ver, habrá que volver…aunque sólo sea por ir a la famosa Opera Vienesa…