
Texto: Ricardo Caletti, Presidente VISION Neuquén
Quienes desde hace décadas transitamos las montañas, lo sabemos: estar allá en lo alto cambia la perspectiva de las cosas cotidianas. Transforma.
Lo que es pequeño, desaparece, pero lo que es realmente grande y trascendente, se agranda aún más.
Es como que al estar más próximos al cielo, se puede pendular entre el universo celeste y el terrestre. Tener una visión más amplia del cosmos.
Vértices ceremoniales
Desde tiempos antiguos el hombre se ha propuesto alcanzar esos espacios helados, esos vértices ceremoniales de intemperie, esa arista última que nos aproxima al espacio donde se supone que habita lo sagrado.
Nuestros pueblos americanos han dejado testimonio de esto en sus enterratorios de las montañas y volcanes más altos de Los Andes.
Y es precisamente en esta columna vertebral del planeta donde se sitúa la cumbre más cercana al cielo: el Volcán Chimborazo.
Volcán Chimborazo: cumbre más cercana al cielo
Su monumental estructura cónica se eleva a menos de un grado y medio de la cintura terrestre del Ecuador. Erosionado por las edades, las morenas glaciarias y los vientos, su presencia lidera.
Es la cima más elevada de la República de Ecuador. Alcanza los 6.268 metros sobre el nivel del mar. Claro no es el techo del mundo. El Everest, en el Himalaya trepa hasta los 8.848 metros sobre el nivel del mar.
Tampoco es la montaña más alta del hemisferio sur, ya que el Aconcagua,- Argentina-, llega a los 6.959 metros, ni siquiera el volcán más elevado. El Ojos del Salado,- Chile- Argentina-, ostenta sus 6.891 metros.
Pero el Chimborazo es la cumbre más cercana al cielo, ya que en el Ecuador, la distancia entre el nivel del mar y el centro de nuestro planeta es mayor que en la latitud del Everest.
La Tierra no es una esfera, sino un geoide achatado en los polos y con mayor diámetro precisamente en el Ecuador. De este modo, desde el centro de nuestro planeta, la cumbre del Chimborazo se encuentra 2.100 metros más cercana al cielo que la del Everest.
Situado a 150 kilómetros al sudoeste de Quito, a 452 kilómetros de Guayaquil, y a sólo 20 kilómetros de Riobamba, el volcán atrae a turistas de todo el mundo.
Ingreso al corazón mismo del Ecuador
El viaje por tierra desde las grandes ciudades ya implica el ingreso al corazón mismo de Ecuador, y la aproximación al nevado pone al viajero en contacto con la explosiva magia de la naturaleza contenida en la Reserva Faunística Chimborazo, -en la que se protegen principalmente a llamas, vicuñas y alpacas-, y también vincula al visitante con la simpleza de los pobladores rurales que mantienen intactas viejas costumbres y creencias.
Burros transportan bloques de hielo
Todos los martes y los viernes, los hieleros del Chimborazo,- campesinos del pueblito Cuatro Esquinas-, comienzan el ascenso en sus burros a las seis de la mañana para alcanzar las cotas más bajas del glaciar, a unos 4.600 metros de altura. En ese punto, con picos y palas obtienen bloques de hasta 30 kilos de hielo que envuelven con paja y comienzan su descenso hasta el mercado donde venden esos fragmentos glaciarios.
Para ellos, en tiempos antiguos, el volcán Chimborazo y otro cercano, el Carihuairazo,- los dos varones-, lucharon lanzándose rocas para disputar el amor de Tungurahua, una montaña mujer próxima a los dos.
El Chimborazo se quedó con ella. Tal vez haya sido, porque con sus cinco puntas superiores y su imponente figura, es la cumbre del planeta que más se acerca a los cielos, donde habitan los dioses y los sueños.


